20 de mayo de 1741: Blas de Lezo o resistir cuando todo parece perdido

En 1741, en el contexto de la Guerra del Asiento, una enorme flota británica al mando del almirante Edward Vernon atacó Cartagena de Indias con el objetivo de tomar uno de los principales puertos del Imperio español en América.

La expedición era descomunal para la época: más de 180 barcos y decenas de miles de hombres frente a una defensa muy inferior en número. Al frente de la plaza estaba Blas de Lezo, que, junto al virrey Sebastián de Eslava, organizó una defensa basada en la estrategia, el aprovechamiento del terreno y la resistencia en puntos clave como el castillo de San Felipe de Barajas.

El asedio fue largo, duro y marcado por enfermedades, errores de coordinación británicos y una resistencia española inesperada. Tras semanas de combates y enormes pérdidas, las tropas británicas se vieron obligadas a retirarse sin lograr su objetivo. La victoria española no solo evitó la caída de Cartagena, sino que supuso un golpe decisivo a las aspiraciones británicas en la zona.

En Cartagena de Indias, la flota británica comenzó a retirarse tras semanas de asedio. Habían llegado con una superioridad aplastante, convencidos de que la victoria sería rápida. Pero no lo fue. Frente a ellos estaba Blas de Lezo, con muchos menos medios, menos hombres y prácticamente sin margen de error. Lo que sostuvo la defensa no fue la fuerza, sino la resistencia. La capacidad de aguantar cuando todo invitaba a ceder.

No hay épica en el día a día de un asedio. No hay momentos brillantes constantes, sino desgaste, incertidumbre y presión continua. Y, sin embargo, es ahí donde se decide todo. Porque resistir no es esperar pasivamente, es actuar con cabeza cuando las circunstancias no acompañan. Es no romper la línea.

En la oposición ocurre exactamente lo mismo. No suspende quien no sabe, sino quien no aguanta. Habrá días de cansancio, de dudas, de sensación de estancamiento. Y ahí no sirve la motivación. Sirve la resistencia. La disciplina de seguir, aunque no apetezca, aunque no luzca, aunque no haya resultados inmediatos. Porque muchas veces, como en Cartagena de Indias, la victoria no llega por ser mejor en un momento concreto, sino por no rendirse cuando otros lo hacen.

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