Greguerías del Opositor (XXVIII): cinco metáforas breves para entender la oposición

Hay una pregunta que acompaña al opositor durante casi todo el proceso.

No es una pregunta jurídica.

No tiene relación con la Constitución, con la Ley 39/2015 o con el procedimiento administrativo.

Es mucho más simple.

Y mucho más difícil.

La pregunta es esta:

¿Y si no sale?

Pocas experiencias humanas exigen convivir durante tanto tiempo con tanta incertidumbre. El opositor trabaja durante meses o años sin conocer el resultado final. No sabe cuándo llegará la convocatoria exacta, cuántas plazas habrá, quiénes serán sus competidores ni qué ocurrirá el día del examen.

Y, sin embargo, debe seguir adelante.

Porque opositar consiste, en gran medida, en aprender a convivir con la incertidumbre sin permitir que gobierne tu conducta.

1. La incertidumbre es la sombra que proyecta cualquier objetivo importante.

Muchas personas interpretan la incertidumbre como una señal de que algo va mal.

Pero ocurre justo lo contrario.

Los proyectos pequeños generan pocas dudas porque sus consecuencias son limitadas.

Los proyectos importantes generan incertidumbre precisamente porque importan.

Si el resultado de la oposición estuviera garantizado desde el primer día, la experiencia sería mucho más sencilla.

También sería mucho menos valiosa.

La incertidumbre no es un defecto del proceso.

Es una consecuencia inevitable de que exista algo relevante en juego.

2. El opositor no se agota por estudiar; se agota por intentar adivinar el futuro.

Estudiar cansa.

Pero especular constantemente suele cansar todavía más.

¿Cuántas plazas saldrán?

¿Será este año?

¿Subirá la nota de corte?

¿Irá mejor la gente?

¿Cambiará el sistema?

¿Tendré suficiente nivel?

El problema es que ninguna de esas preguntas tiene una respuesta útil en el presente.

Y aun así, el opositor puede pasar horas enteras intentando resolverlas mentalmente.

La incertidumbre se vuelve destructiva cuando desplaza la atención desde lo que puedes hacer hacia lo que no puedes controlar.

Y en oposición, casi siempre resulta más rentable estudiar una hora que especular una hora.

3. El opositor madura cuando deja de necesitar garantías para seguir avanzando.

Al principio muchos opositores buscan seguridad.

Quieren saber que aprobarán.

Quieren estar convencidos de que el esfuerzo merecerá la pena.

Quieren alguna prueba objetiva de que llegarán al final.

Pero la oposición rara vez ofrece esas garantías.

Y ahí aparece una de las lecciones más importantes del proceso.

La madurez consiste en seguir trabajando incluso cuando no existen certezas absolutas.

No porque se ignore el riesgo.

Sino porque se acepta.

El opositor más fuerte no es quien tiene menos dudas.

Es quien ha aprendido a convivir con ellas.

4. La incertidumbre no desaparece cuando mejoras; simplemente cambia de forma.

Muchos creen que las dudas son propias de los principiantes.

No es cierto.

El opositor novel duda porque sabe poco.

El avanzado duda porque comprende mejor la complejidad de lo que está haciendo.

Cuando mejoras aparecen nuevas incertidumbres.

Antes dudabas de si podrías aprender el temario.

Después dudas de si será suficiente.

Más adelante dudas de cómo responderás el día del examen.

Y cuando apruebas, aparecen dudas completamente distintas.

La incertidumbre no es una etapa.

Es una compañera de viaje.

La diferencia está en cómo decides relacionarte con ella.

5. La oposición premia a quienes actúan mientras otros esperan certezas.

Muchas personas retrasan decisiones importantes hasta sentirse completamente seguras.

Esperan el momento perfecto.

La información perfecta.

La confianza perfecta.

La tranquilidad perfecta.

Pero ese momento rara vez llega.

El opositor que progresa entiende algo fundamental: la acción suele preceder a la confianza.

No estudias porque estás seguro.

Terminas estando más seguro porque estudias.

No avanzas porque desaparezcan las dudas.

Las dudas disminuyen porque sigues avanzando.

La incertidumbre no se combate pensando.

Se combate haciendo.

Epílogo

La oposición obliga a convivir con una realidad incómoda: nadie puede garantizarte el resultado.

Ni el mejor preparador.

Ni la mejor academia.

Ni el mejor método.

Y, sin embargo, miles de personas siguen aprobando cada año.

¿Por qué?

Porque comprenden algo que los demás tardan más en descubrir.

Que la incertidumbre no es una razón para detenerse.

Es simplemente el precio de intentar algo importante.

El opositor no necesita saber exactamente qué ocurrirá dentro de dos años.

Necesita saber qué debe hacer hoy.

Y cuando aprende a concentrarse en eso, la incertidumbre sigue existiendo.

Pero deja de tener el control.

Y esa suele ser una de las victorias más importantes de toda la oposición.

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