Examen oral: ¿es necesario «pedir la venia» al Tribunal? Vexata quaestio!

Después de memorizar cientos de temas, leyes, reglamentos y plazos, llega una de las grandes preguntas del opositor: ¿y ahora cómo saludo al Tribunal?  Veámoslo.

Una duda bastante habitual entre quienes se enfrentan por primera vez a un examen oral de oposiciones de Grupo A (Subgrupos A1 y A2) es cómo deben dirigirse al Tribunal y, en particular, si es necesario comenzar la exposición utilizando la expresión «con la venia».

La cuestión puede parecer menor —y, ciertamente, no será la venia la que nos dé o nos quite la plaza—, pero quien haya preparado alguna vez un examen oral sabe que, conforme se acerca el gran día, las dudas más pequeñas adquieren dimensiones insospechadas: ¿saludo primero?, ¿me siento?, ¿espero a que me indiquen que comience?, ¿digo «con su permiso»?, ¿y aquello de «con la venia» que tantas veces hemos escuchado en una sala de vistas?

Quizá parte de la confusión proceda de una palabra que los juristas utilizamos con cierta alegría: Tribunal. Tribunal es el que juzga y sentencia, pero Tribunal es también el órgano que nos escucha cantar durante veinte, treinta o sesenta minutos -según de que oposición se trate- temas de Derecho variado. Mismo sustantivo; funciones, naturaleza y protocolo bastante distintos.

Y de ahí surge nuestra vexata quaestio: ¿debe un opositor pedir la venia antes de comenzar su exposición?

La respuesta corta sería «no tiene por qué«, o, dicho de otro modo: no siempre es necesario pedir la venia al Tribunal de una oposición. La respuesta algo más larga —y jurídicamente más interesante— exige explicar qué significa realmente «pedir la venia», de dónde procede la expresión y, sobre todo, ante quién tiene sentido utilizarla.

¿Qué significa «con la venia»?

La expresión «con la venia» pertenece fundamentalmente al lenguaje forense. Los que somos letrados y hemos ejercido durante años como abogados en Juzgados y Tribunales la conocemos muy bien. 

Resumiendo mucho, es una fórmula tradicional de cortesía utilizada por abogados y otros profesionales cuando se dirigen a jueces y tribunales para solicitar permiso para intervenir, realizar una manifestación o formular alguna cuestión. Sirve como expresión de respeto y cortesía antes de iniciar una intervención, formular una alegación o dirigirse al órgano judicial. Su origen está en el término latino venia, que significa permiso, gracia o indulgencia. De ahí que «pedir la venia» equivalga, en sentido estricto, a solicitar permiso para hablar o intervenir.

Sin embargo, un Tribunal calificador de una oposición no es un órgano jurisdiccional. Su función consiste en desarrollar y calificar el proceso selectivo de acuerdo con las bases de la convocatoria y la normativa aplicable. Por ello, trasladar automáticamente al examen oral las fórmulas propias de una vista judicial no es necesario, aunque tampoco del todo inapropiado, por lo que luego diré.

En el ámbito judicial, por tanto, tiene pleno sentido como fórmula protocolaria. Sin embargo, no es una expresión propia ni exigible en cualquier órgano colegiado: un tribunal calificador de oposiciones, pese a recibir el nombre de «tribunal», no ejerce funciones jurisdiccionales, sino administrativas. Por eso, en un examen oral de oposición no existe obligación ni necesidad protocolaria de comenzar diciendo «con la venia».

¿Cómo empezar entonces un examen oral?

Lo más recomendable es actuar con naturalidad, educación y seguridad. Tras el saludo inicial, puede comenzarse directamente la exposición: «Buenos días. Voy a comenzar con la exposición del tema…»; También puede utilizarse una fórmula de cortesía sencilla: «Buenos días. Con su permiso, comienzo la exposición…» Ambas opciones son perfectamente adecuadas. Del mismo modo, si durante el ejercicio es necesario dirigirse al Tribunal, pueden utilizarse expresiones como «si me permite», «con su permiso» o simplemente formular la cuestión de manera educada y directa.

En un oral de oposición queda más natural y profesional:

  • Al comenzar: «Buenos días. Con su permiso, comienzo la exposición del tema…»
  • Si necesitas hacer una aclaración: «Si me permite, quisiera hacer una precisión…»
  • Si te interrumpen y quieres retomar: «Con su permiso, continúo…»
  • Al terminar: «Con esto doy por finalizada la exposición. Muchas gracias.»

¿Hay que esperar a que el Tribunal nos dé la palabra?

Otra de las dudas habituales entre los opositores es cuándo deben comenzar exactamente su exposición. ¿Nada más entrar en la sala? ¿Después de saludar? ¿Hay que esperar a que el presidente del Tribunal nos indique que podemos comenzar?

Aquí conviene distinguir entre cortesía y procedimiento. El desarrollo del ejercicio se rige por las bases de la convocatoria y por las indicaciones del órgano de selección. Dependiendo de la oposición, puede ser necesario identificarse, realizar un sorteo, escoger los temas, disponer de un tiempo de preparación o esperar a que se indique el comienzo del ejercicio.

Por tanto, nuestro consejo es sencillo: saluda con educación, escucha las instrucciones y no te precipites. Si el Tribunal te indica que puedes comenzar, comienza. Si todavía está organizando la prueba, espera. Ni hace falta pedir permiso tres veces ni conviene empezar a cantar el tema mientras el secretario todavía está buscando nuestro nombre en la lista.

La naturalidad también consiste en saber adaptarse a cada situación. Y, por supuesto, si tienes alguna duda sobre el funcionamiento del ejercicio, es perfectamente razonable plantearla antes de comenzar.

¿Está mal decir «con la venia»?

No necesariamente. Utilizar la expresión «con la venia del Tribunal» no constituye ningún error y difícilmente tendrá trascendencia alguna en la calificación. Ahora bien, no aporta ninguna ventaja y puede resultar excesivamente solemne o propia del ámbito judicial. En un examen oral de oposición interesa transmitir dominio del tema, seguridad y capacidad de comunicación. Las fórmulas protocolarias deben ayudar a conseguirlo, no convertirse en una preocupación adicional para el opositor. ç

Además, en este tipo de pruebas conviene evitar fórmulas excesivamente ceremoniosas que no sean necesarias. El Tribunal no espera que el aspirante reproduzca las formas propias de una actuación judicial, sino que sea capaz de exponer sus conocimientos con claridad, rigor y seguridad. Utilizar «con la venia» no demuestra un mayor conocimiento jurídico ni una especial consideración hacia el Tribunal y, dependiendo del contexto, puede incluso transmitir cierta afectación o falta de naturalidad. La cortesía no depende de emplear una fórmula concreta, sino de la forma respetuosa y profesional en la que el opositor se dirige al órgano calificador.

¿Puede el Tribunal penalizarte por no pedir la venia?

Desde una perspectiva jurídica, esta es quizá la cuestión más interesante. ¿Puede un Tribunal calificador valorar negativamente que un opositor no utilice una determinada fórmula protocolaria?

Conviene recordar que el artículo 55 del Texto Refundido del Estatuto Básico del Empleado Público establece los principios que deben regir el acceso al empleo público, entre ellos los de igualdad, mérito y capacidad, así como los de transparencia, imparcialidad y profesionalidad de los órganos de selección. Por su parte, el artículo 61 contempla expresamente la posibilidad de realizar pruebas destinadas a comprobar los conocimientos y la capacidad analítica de los aspirantes mediante exposiciones orales.

Por tanto, el Tribunal debe valorar el ejercicio conforme a las bases de la convocatoria y a los criterios de evaluación aplicables, no según preferencias personales sobre fórmulas ceremoniosas que no hayan sido exigidas. En principio, la ausencia de un «con la venia» no constituye un incumplimiento ni justifica por sí misma una penalización.

Naturalmente, otra cosa distinta es que se valore la capacidad de expresión, la claridad expositiva, la seguridad o las habilidades de comunicación del aspirante, cuando así corresponda conforme a los criterios de calificación. Pero eso nada tiene que ver con la obligación de pronunciar unas palabras determinadas.

El Derecho Administrativo no exige fórmulas sacramentales para demostrar conocimientos jurídicos. Y, desde luego, un «con la venia» impecablemente pronunciado no convierte una mala exposición en un buen examen.

El primer minuto del examen oral: también hay que prepararlo

Hay una cuestión que a menudo olvidamos: el examen oral no comienza cuando pronunciamos el primer artículo de la Constitución, sino cuando empezamos a interactuar con el Tribunal.

No se trata de preparar una representación teatral, sino de evitar que los nervios nos jueguen una mala pasada antes incluso de empezar a desarrollar el temario. Por eso, del mismo modo que ensayamos los temas y controlamos los tiempos de exposición, resulta conveniente practicar previamente el saludo, la primera frase y el inicio del ejercicio.

Durante las simulaciones de examen oral recomendamos prestar atención a cuestiones muy sencillas: hablar con un volumen adecuado, vocalizar, mantener una postura natural, dirigir la mirada al Tribunal y evitar tanto las prisas como las pausas excesivamente prolongadas. Los primeros segundos deben servir para situarnos en el ejercicio y empezar con confianza, no para añadirnos nuevas preocupaciones.

Y si nos equivocamos en la primera frase, tampoco pasa nada. Se corrige, se continúa y listo. No hay que convertir un pequeño tropiezo en una tragedia. El Tribunal está allí para evaluar nuestros conocimientos, no para comprobar si somos capaces de presentar una gala de los premios Goya.

Naturalidad y seguridad ante el Tribunal

Puede parecer una cuestión menor, pero en las oposiciones de Grupo A los detalles importan. Y mucho. A veces nos preguntan por qué dedicamos tiempo a explicar cuestiones aparentemente tan pequeñas como esta. La respuesta es sencilla: porque detrás de una palabra puede haber una distinción jurídica importante entre profesión, plaza, puesto de trabajo y función. Y porque, cuando uno aspira a ejercer funciones técnicas de nivel superior, conviene acostumbrarse a llamar a cada cosa por su nombre.

Sabemos que en muchos sitios no atienden a los detalles. Y la perfección está en los detalles. Algún alumno nos ha dicho: en mi antigua academia el preparador no me daba seguridad para Grupo A, «pues él, en su oposición quedó el último, el peor calificado y en el oral obtuvo un 5.0 (cinco-punto-gracias)«. Con esos mimbres, malo el cesto.

En MPS Oposiciones recomendamos no sobreactuar el protocolo. Un saludo correcto, una postura adecuada y una exposición clara y segura son mucho más importantes que utilizar determinadas fórmulas solemnes.  Por tanto, si estás preparando un examen oral, recuerda: no necesitas pedir la venia al Tribunal. Un sencillo «Buenos días. Con su permiso, comienzo» es más que suficiente. Y, a partir de ahí, lo verdaderamente importante: demostrar que conoces el tema y sabes defenderlo ante el Tribunal.  

Así que no te preocupes demasiado por la venia: ninguna fórmula de cortesía ha sustituido todavía a un tema bien cantado. En definitiva, no hace falta entrar en el examen convertido en abogado de Suits: basta con saludar, ser educado y saberse el tema.

Y, aunque huelga decirlo: saludar al llegar y dar las gracias al terminar. Porque, como decía un viejo maestro: «Una pastilla de jabón y dar los buenos días está al alcance de todas las economías».  


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