Las oposiciones tienen algo de disciplina militar y algo de laboratorio psicológico. Con el tiempo el opositor descubre que no todo se decide en el temario: muchas cosas se deciden en la cabeza.
Seguimos.
1. El temario no se vence: se domestica.
Al principio parece indomable. Después descubres que solo necesita una cosa: muchas vueltas.
2. El opositor aprende una ley no escrita: lo que no se repasa, se pierde.
La memoria es un cubo con un pequeño agujero. Si no vuelves a llenarlo, el conocimiento se escapa.
3. Estudiar mucho no siempre significa estudiar bien.
Hay opositores que pasan diez horas frente al tema. Y opositores que en cuatro horas avanzan el doble.
4. La oposición es una guerra contra la dispersión.
El enemigo no suele ser el temario. Suelen ser el móvil, el cansancio y las excusas.
5. En oposición, rendirse rara vez es una decisión heroica.
Casi siempre empieza con algo mucho más pequeño: un día que decides no estudiar.
Epílogo
Las oposiciones no se construyen con gestas épicas.
Se construyen con gestos pequeños repetidos muchas veces: abrir el tema, repasar un artículo, corregir un test, volver al escritorio cuando no apetece.
Y esa repetición, silenciosa y poco espectacular, suele ser la verdadera arquitectura del aprobado.
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