Greguerías del Opositor (XXXVII): cinco metáforas breves para entender la oposición

Si el agotamiento es el desgaste del cuerpo y de la mente, el miedo es otra cosa. El miedo no aparece porque el opositor haya estudiado demasiado. Aparece porque le importa demasiado el resultado.

Y eso explica por qué los opositores más comprometidos suelen ser también los que más miedo experimentan.

No temen porque sean débiles.

Temen porque tienen algo que perder.

Porque cuando una oposición ocupa años de tu vida, resulta imposible permanecer completamente indiferente ante la posibilidad de fracasar.

1. El miedo es la sombra que proyecta una meta importante.

Nadie siente miedo por aquello que le resulta irrelevante. No existe ansiedad ante un examen que no importa ni nervios ante una convocatoria que no interesa. El miedo aparece precisamente cuando existe valor. Cuando hay expectativas. Cuando el resultado tiene consecuencias reales.

Por eso resulta inútil intentar eliminarlo completamente. Sería como intentar eliminar la sombra sin eliminar antes el objeto que la produce. El opositor maduro entiende que el miedo no es una anomalía del proceso. Es una consecuencia natural de estar intentando conseguir algo importante.

2. El miedo siempre sabe hablar, pero casi nunca sabe predecir.

Existe una característica curiosa en la voz del miedo: habla con una seguridad extraordinaria. Afirma que no llegarás. Que los demás van mejor. Que el examen será imposible. Que has empezado tarde. Que no tienes nivel suficiente.

El problema es que, cuando se revisan sus predicciones meses después, la mayoría resultan falsas. El miedo tiene una enorme capacidad para generar escenarios catastróficos, pero una capacidad bastante limitada para anticipar el futuro. Por eso escuchar todas sus advertencias suele ser razonable. Creerlas todas suele ser un error.

3. El opositor no pierde por tener miedo; pierde cuando empieza a obedecerlo.

Muchos opositores interpretan el miedo como una señal de incapacidad. Creen que deberían sentirse completamente seguros antes de avanzar. Sin embargo, la realidad suele funcionar de otra manera.

La diferencia entre quienes progresan y quienes se bloquean no está en la cantidad de miedo que sienten. Está en el poder que le conceden. Hay opositores que estudian teniendo miedo. Que se presentan teniendo miedo. Que hacen simulacros teniendo miedo. Y precisamente por eso siguen avanzando.

El problema nunca es sentir miedo. El problema aparece cuando permites que decida por ti.

4. El miedo crece en la imaginación y se encoge en la acción.

Pocas cosas alimentan tanto la ansiedad como la inactividad. Cuando el opositor deja de estudiar, deja de hacer simulacros o deja de enfrentarse a los problemas reales, la mente empieza a rellenar los huecos con especulaciones.

Y las especulaciones rara vez son optimistas.

La acción tiene el efecto contrario. Obliga a sustituir fantasías por hechos. Convierte preguntas en respuestas. Reduce la incertidumbre. Por eso muchas veces una hora de trabajo serio disminuye más el miedo que una semana entera pensando sobre él.

5. El miedo desaparece el día después del examen.

Esta es una de las experiencias más extrañas de cualquier oposición.

Durante meses el examen parece gigantesco. Domina conversaciones, pensamientos y preocupaciones. Parece ocupar todo el horizonte. Sin embargo, cuando termina, ocurre algo sorprendente: desaparece.

El examen sigue existiendo. La nota todavía no ha salido. El resultado sigue siendo incierto. Pero el miedo pierde gran parte de su fuerza porque ya no puede influir sobre nada.

Y entonces el opositor comprende algo importante: muchas veces sufrió más por la anticipación que por el acontecimiento real.

Epílogo

El miedo acompaña a casi todos los opositores.

A los principiantes y a los veteranos.

A los inseguros y a los brillantes.

A quienes terminan aprobando y a quienes todavía siguen intentándolo.

Por eso quizá la cuestión nunca haya sido cómo eliminarlo.

La cuestión es cómo avanzar a pesar de él.

Porque el valor no consiste en no sentir miedo.

Consiste en seguir caminando mientras el miedo intenta convencerte de que te detengas.

Y pocas habilidades resultan tan útiles en una oposición como esa.

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