Las oposiciones están llenas de leyes, reglamentos, artículos, fechas, técnicas de estudio… pero también de pequeñas verdades que nadie explica, aunque todo el mundo intuye. Verdades diminutas, medio en broma y medio en serio, que alumbran el camino como el sol en la mañana, o cual luciérnaga en la biblioteca.
A eso aspiraba don Ramón Gómez de la Serna (1888-1963), padre de la greguería e impulsor del género, cuando convirtió la ocurrencia brillante en literatura: capturar en una frase breve una chispa de humor y una intuición verdadera.
Eso son las greguerías: metáforas breves, chisporroteos de humor, intuiciones disfrazadas de ocurrencia. Y el opositor, que vive entre apuntes y madrugones, también merece las suyas.
Aquí empieza la serie. Cinco greguerías para sonreír, pensar y (con suerte) entender un poco mejor esta aventura de las oposiciones.
1. La oposición es un desierto: cada hora parece igual, hasta que un día aparece el oasis.
El opositor vive rodeado de días idénticos, como dunas que se suceden una tras otra sin aparente cambio. Pero la constancia convierte esa monotonía en progreso real. El oasis no llega por azar: llega porque has cruzado mil dunas silenciosas antes, sin protesta y sin perder rumbo. La rutina, vista de cerca, es arena; vista con perspectiva, es camino.
2. El folio en blanco es el espejo más cruel del opositor.
No discute, no consuela y no finge: refleja exactamente lo que sabes y lo que no. Por eso un simple folio sobre la mesa puede doler tanto: porque te muestra la verdad sin maquillaje. Si has estudiado, habla; si no, te deja solo. El papel no te suspende: solo te revela. No te juzga: te desnuda. Y su silencio —más que un castigo— es un diagnóstico. Por eso duele… y por eso enseña.
3. El temario no pesa por su grosor, sino por las veces que lo esquivamos.
Un tema no es largo por su extensión, sino por el curioso ritual de aplazarlo una y otra vez antes de empezarlo. Cuando se afronta con decisión, se vuelve manejable; cuando se pospone, se convierte en una montaña impracticable. El peso real no está en el libro, sino en la mente que lo evita.
4. El sueño del opositor no es dormir, sino despertarse sabiendo que no falló el día anterior.
El cansancio no asusta tanto como la culpa. El cansancio molesta; la culpa destroza. El opositor sueña con descansar, sí, pero desea aún más la serenidad de haber cumplido. Dormir tranquilo es el lujo más caro de la oposición: y no se compra, se gana.
5. La motivación es un invitado; la disciplina, el inquilino.
La motivación aparece cuando quiere: algunos días trae café y otros no se presenta. La disciplina, en cambio, paga alquiler y vive contigo. El opositor que confía solo en la motivación estudia a ratos; el que se apoya en la disciplina construye un hábito que ni el miedo ni el cansancio pueden desalojar.
Otra manera de ver las oposiciones
Las oposiciones también se explican así: con metáforas que dicen la verdad sin levantar la voz. Estas greguerías no buscan dar consejos, sino mostrar esa cara íntima y callada de la oposición que solo conoce quien la vive. No buscan aleccionar, sino revelar.
Si alguna te ha hecho pensar, reír o asentir en silencio, entonces esta serie habrá merecido escribirse.
Nos vemos en la próxima entrega: Greguerías del Opositor (II).
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