Greguerías del Opositor (XXXV): cinco metáforas breves para entender la oposición

Si la comparación es uno de los enemigos más visibles del opositor, el perfeccionismo es probablemente uno de los más sofisticados.

Porque tiene una apariencia engañosa.

Se presenta como exigencia.

Se disfraza de profesionalidad.

Se esconde detrás de la búsqueda de la excelencia.

Y, sin embargo, muchas veces actúa exactamente igual que la procrastinación: impide avanzar.

La diferencia es que lo hace con mejor reputación.

1. El perfeccionismo es una jaula construida con buenas intenciones.

Pocas trampas resultan tan eficaces como aquellas que parecen virtudes.

El opositor perfeccionista revisa una y otra vez el mismo esquema, corrige constantemente los mismos apuntes y reorganiza materiales que ya estaban perfectamente organizados.

Desde fuera parece trabajo serio.

Y en parte lo es.

El problema aparece cuando la búsqueda de la mejora continua sustituye a la ejecución. Cuando el tiempo dedicado a perfeccionar empieza a superar al tiempo dedicado a avanzar.

Entonces la excelencia deja de ser una herramienta y se convierte en un obstáculo.

2. El perfeccionista suele preferir preparar el estudio antes que estudiar.

Existe una actividad extremadamente popular entre ciertos opositores: preparar las condiciones ideales para empezar.

Organizar carpetas.

Diseñar calendarios.

Rehacer esquemas.

Modificar colores.

Crear nuevas plantillas.

Todo ello produce una agradable sensación de productividad. El problema es que muchas veces esa productividad es solo decorativa.

La oposición no premia la belleza de los materiales. Premia el conocimiento adquirido.

Y ninguna carpeta, por bien diseñada que esté, puede sustituir a las horas de estudio efectivo.

3. El opositor perfecto rara vez existe; el opositor constante sí.

Muchas personas esperan sentirse completamente preparadas antes de dar determinados pasos.

Quieren dominar todos los temas antes de hacer simulacros.

Quieren recordar todo antes de presentarse.

Quieren eliminar cualquier duda antes del examen.

Pero la oposición rara vez ofrece ese nivel de certeza.

Siempre quedan lagunas.

Siempre existen riesgos.

Siempre aparecen aspectos mejorables.

Quien espera la perfección suele quedarse esperando indefinidamente. Quien acepta trabajar con cierto margen de imperfección suele avanzar mucho más deprisa.

4. La perfección consume tiempo; la mejora lo aprovecha.

Existe una diferencia fundamental entre mejorar y perfeccionar.

Mejorar significa avanzar.

Perfeccionar significa pulir.

Ambas actividades tienen valor, pero no poseen la misma prioridad.

Un opositor que todavía tiene grandes áreas por construir obtiene mucho más beneficio estudiando un tema nuevo o consolidando una debilidad importante que dedicando horas a perfeccionar algo que ya funciona razonablemente bien.

El perfeccionismo suele olvidar esta diferencia. Y por eso termina invirtiendo enormes cantidades de energía en aspectos que generan retornos cada vez más pequeños.

5. El examen no busca la perfección.

Esta es una de las verdades más liberadoras que descubre cualquier opositor experimentado.

Los tribunales no esperan candidatos perfectos.

Esperan candidatos suficientemente preparados.

Esperan personas capaces de responder correctamente la mayoría de cuestiones relevantes.

Esperan solvencia.

No perfección.

Y entender esto cambia completamente la forma de estudiar. Porque permite abandonar una presión innecesaria y concentrar los esfuerzos en aquello que realmente influye en el resultado.

Epílogo

El perfeccionismo tiene una gran habilidad: consigue que el opositor se sienta insatisfecho incluso cuando está progresando.

Siempre falta algo.

Siempre podría estar mejor.

Siempre existe una nueva corrección pendiente.

Por eso resulta tan agotador.

La oposición exige exigencia, sin duda. Pero también exige pragmatismo. Exige saber cuándo algo está suficientemente bien para continuar avanzando.

Porque las plazas no suelen conseguirlas quienes esperan el momento perfecto.

Suelen conseguirlas quienes aprenden a progresar incluso cuando todavía quedan imperfecciones por corregir.

Y, en realidad, eso ocurre en casi todos los ámbitos importantes de la vida.

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