Como muchos ya sabéis, en esta academia nos encantan algunas cosas: los buenos libros, las corbatas, los zapatos, el jamón y algunos vinos. Hoy seguimos ampliando el armario.
Hay regalos que, a primera vista, parecen tener una utilidad muy concreta. Sin embargo, cuando uno se detiene a pensar en ellos, descubre que esconden un significado mucho más profundo. Eso es exactamente lo que me ocurrió cuando Alejandro tuvo el detalle de regalarme estos zapatos. Evidentemente, son un magnífico regalo y les voy a dar muchísimo uso, pero, casi sin querer, me hicieron reflexionar sobre algo que veo constantemente en el mundo de las oposiciones: la importancia de recorrer el camino paso a paso, sin obsesionarse con la meta final.
Cuando alguien empieza a preparar una oposición, es muy habitual que piense únicamente en el día del examen o en el momento en el que, por fin, vea su nombre en la lista de aprobados. Es una reacción completamente lógica, porque todos necesitamos una meta que nos motive. Sin embargo, con el paso de los meses uno descubre que la plaza no se consigue pensando continuamente en ese momento. La plaza se consigue haciendo bien el trabajo de cada día. Estudiando el tema que toca, repasando cuando corresponde, corrigiendo errores, haciendo test y volviendo a empezar al día siguiente. La oposición nunca se aprueba de un salto. Siempre se aprueba caminando.
Y quizá por eso estos zapatos me gustaron tanto. Porque, de alguna manera, representan esa idea tan sencilla y tan importante: avanzar. Hay días en los que se avanza mucho y otros en los que apenas se da un paso. Hay semanas en las que uno siente que todo encaja y otras en las que parece que nada sale bien. Pero lo verdaderamente decisivo no es la velocidad, sino no dejar de caminar. Quien mantiene el rumbo durante meses termina llegando mucho más lejos que quien pretende correr durante una semana y después abandona.
Esa es una de las grandes lecciones que dejan las oposiciones. Nos enseñan que la disciplina siempre acaba imponiéndose a la motivación. La motivación aparece y desaparece; depende del estado de ánimo, del cansancio o incluso del tiempo que haga ese día. La disciplina, en cambio, consiste en hacer lo que toca incluso cuando no apetece. Y esa capacidad, que se desarrolla durante la preparación, acompaña al opositor durante toda su vida profesional. En realidad, una oposición no solo forma futuros funcionarios; también forma personas mucho más constantes, organizadas y resilientes.
Después de tantos años preparando oposiciones, tengo claro que lo mejor de esta profesión no son únicamente las plazas que conseguimos celebrar. Lo mejor son las personas que aparecen durante el camino y los vínculos que se crean después de compartir tantos meses de esfuerzo, incertidumbre y trabajo. Cuando un alumno, una vez alcanzado su objetivo, vuelve para tener un detalle como este, uno entiende que la relación ha ido mucho más allá de unas clases o de un temario. Se convierte en un recuerdo de una etapa muy importante para ambas partes.
Alejandro, muchísimas gracias por este regalo y, sobre todo, por la confianza que depositaste en mí durante toda tu preparación. Estoy convencido de que estos zapatos me acompañarán durante mucho tiempo y espero que, de la misma manera, tú sigas recorriendo un camino lleno de nuevos retos y de muchos éxitos profesionales. Al fin y al cabo, conseguir la plaza nunca es el final del viaje. Es, simplemente, el comienzo de una nueva etapa.
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