Gracias, Álex. Hay regalos que no son para ti… y, aun así, te llegan mucho más dentro.

Hay regalos que hacen ilusión porque son bonitos. Otros porque son útiles. Pero, de vez en cuando, llega alguno que tiene un significado completamente distinto. Eso fue exactamente lo que sentí cuando Álex apareció con este detallazo para mi hijo.

Confieso que, desde que nació, veo este tipo de regalos con otros ojos. Hasta hace poco, probablemente habría pensado en unas zapatillas o en unos calcetines infantiles como un regalo simpático. Ahora, en cambio, cada pequeño detalle me emociona de una manera difícil de explicar. Quizá sea porque, cuando uno se convierte en padre, descubre que las cosas importantes dejan de girar alrededor de uno mismo.

Las zapatillas son diminutas. Los calcetines todavía más. Y, sin embargo, consiguen hacerte imaginar todo lo que está por venir. Los primeros pasos, las primeras carreras por el parque, el primer día de colegio, las primeras caídas, las primeras victorias… De repente, un regalo tan sencillo se convierte en un recordatorio de que empieza una aventura completamente nueva.

Además, este tipo de gestos tienen un valor especial porque nacen del cariño. Álex no estaba regalando simplemente unas zapatillas de niño. Estaba compartiendo la alegría por un momento muy importante de mi vida. Y eso, sinceramente, vale muchísimo más que el propio regalo.

Muchas veces se piensa que la relación entre un preparador y un opositor termina el día en que llega el aprobado. Mi experiencia dice exactamente lo contrario. Después de tantos años preparando oposiciones, he tenido la enorme suerte de ver cómo muchos alumnos han pasado a formar parte, de alguna manera, de mi vida. He celebrado con ellos plazas, ascensos, bodas, nacimientos y nuevos proyectos. Con algunos seguimos hablando años después de que terminaran las clases. Eso demuestra que, cuando se comparten meses o incluso años de esfuerzo, nervios, alegrías y decepciones, se crea un vínculo que va mucho más allá de un aula o de un temario.

Las oposiciones son un camino duro, pero también tienen un lado extraordinariamente humano. He conocido a personas increíbles gracias a esta profesión. Personas trabajadoras, generosas y agradecidas. Y detalles como este son la mejor prueba de ello.

Álex, muchísimas gracias de corazón. Sé que el peque tardará un poquito en estrenar estas zapatillas, pero estoy seguro de que llegará ese día mucho antes de lo que imagino. Los hijos tienen la extraña habilidad de crecer mientras uno pestañea.

Y cuando llegue ese momento, estoy convencido de que no veré solo unas zapatillas nuevas. Recordaré que hubo un alumno que quiso formar parte, aunque fuera con un pequeño gesto, de uno de los momentos más felices de mi vida.

Ese recuerdo, créeme, durará mucho más que cualquier regalo.

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