En recuerdo de las víctimas del accidente ferroviario de Toledo

Hay días en los que las palabras parecen insuficientes. El trágico accidente ferroviario ocurrido el 28 de octubre en la provincia de Toledo nos ha dejado imágenes difíciles de olvidar y, sobre todo, numerosas vidas truncadas y familias destrozadas. Desde MPS Oposiciones queremos expresar nuestro más profundo pesar por lo sucedido, trasladar nuestras condolencias a los familiares de las víctimas y desear una pronta recuperación a todas las personas heridas.

Resulta profundamente desgarrador, pero también indignante, pensar que tantas personas salieron ayer de sus casas para realizar un viaje perfectamente cotidiano y jamás regresarán. No podemos acostumbrarnos a estas tragedias. No podemos resignarnos a que el dolor de tantas familias termine diluyéndose entre declaraciones institucionales, minutos de silencio y titulares que pronto serán sustituidos por otros. Porque detrás de cada cifra hay una vida, una familia, una historia y un futuro que nadie podrá devolverles. Y porque una sociedad que se acostumbra a las tragedias corre el riesgo de dejar de hacerse las preguntas que verdaderamente importan. 

Las cifras conocidas resultan todavía más estremecedoras cuando se ponen en perspectiva. Según un recuento publicado por Libre Mercado, España concentra más del 70% de los fallecimientos registrados en el mundo por colisiones y descarrilamientos en líneas construidas exclusivamente para la alta velocidad. Aunque la prudencia me empuja a reconocer que este porcentaje no permite comparar por sí solo la seguridad de las distintas redes ferroviarias, la realidad que tenemos delante resulta demoledora: dos tragedias ferroviarias de semejante magnitud en nuestro país en apenas nueve meses. No es normal. No es aceptable. Y, desde luego, no podemos resignarnos a considerarlo una fatalidad inevitable. 

Durante años, nuestra principal exigencia al transporte ferroviario era que los trenes llegaran a su hora. Es desolador que hoy tengamos que reivindicar algo mucho más elemental: que lleguen, simplemente, y que sus pasajeros lleguen vivos a su destino. No podemos aceptar que el listón de nuestras exigencias haya descendido de la puntualidad a la supervivencia. Si llegar a tiempo es una cuestión de calidad del servicio, llegar con vida es una exigencia irrenunciable de cualquier sociedad avanzada. Y no, no hablamos de aspiraciones quiméricas: Japón cuenta con una red de alta velocidad, el Shinkansen, inaugurada en 1964, que no ha registrado fallecimientos de pasajeros por colisiones o descarrilamientos en más de seis décadas de funcionamiento. La seguridad de los ciudadanos no admite rebajas, excusas ni resignación. 

Las causas del accidente deberán esclarecerse mediante las investigaciones correspondientes, con todo el rigor que exige una tragedia de semejante magnitud. No es momento de especular ni de anticipar responsabilidades. Sí lo es, en cambio, de recordar la extraordinaria importancia de las infraestructuras y los servicios públicos así como de los profesionales que, muchas veces lejos de los focos, trabajan cada día para garantizar nuestra seguridad y nuestro bienestar. Desde quienes planifican, gestionan y supervisan las infraestructuras hasta quienes intervienen en las emergencias, todos desempeñan funciones de enorme trascendencia para la sociedad.

En MPS Oposiciones dedicamos nuestro esfuerzo a preparar a quienes aspiran a incorporarse a las Administraciones públicas. Hablamos habitualmente de exámenes, temarios, funciones, plazas y puestos. Pero conviene recordar que, detrás de cada plaza, existe algo mucho más importante: la responsabilidad de servir a los ciudadanos con preparación, profesionalidad y compromiso. El servicio público no es —o, al menos, no debería ser— una expresión vacía. Es una responsabilidad que exige esfuerzo, rigor y una permanente conciencia de las consecuencias que nuestras decisiones pueden tener sobre los demás.

Y conviene decirlo sin ambages: la seguridad de los ciudadanos no es un lujo, una opción presupuestaria ni una cuestión secundaria en la gestión pública. Es una responsabilidad ineludible de quienes tienen encomendada la protección del interés general. Precisamente por respeto a las víctimas, tenemos derecho a exigir una investigación exhaustiva, transparencia y la depuración de cuantas responsabilidades pudieran existir, sean del tipo que sean y correspondan a quien correspondan. 

Porque el servicio público no se protege con discursos ni con declaraciones solemnes, sino con decisiones sensatas, profesionales preparados, inversión y una gestión rigurosa de los recursos que pertenecen a todos. A quienes aspiran a ingresar en la función pública les exigimos esfuerzo, conocimientos y preparación. No deberíamos exigir menos rigor, profesionalidad y compromiso a quienes ya tienen en sus manos la gestión de los asuntos públicos, tanto en el ámbito político como en el técnico. Y conviene recordar una lección que la experiencia nos ha enseñado demasiadas veces y en demasiados ámbitos: la combinación de corrupción, fanatismo e incompetencia puede resultar letal.

Pero hay algo más que debemos exigir: que una tragedia de estas dimensiones no caiga en el olvido y que las conclusiones de las investigaciones se traduzcan, cuando corresponda, en medidas concretas. Dicho de otro modo: la responsabilidad no es únicamente retrospectiva, sino también preventiva. Si se identifican errores, deficiencias o elementos susceptibles de mejora, será imprescindible revisar procedimientos y protocolos, reforzar los mecanismos de control y adoptar cuantas medidas resulten necesarias para prevenir nuevos accidentes. Porque la responsabilidad de los poderes públicos no termina en esclarecer lo sucedido ni en depurar las eventuales responsabilidades. También consiste en aprender de los errores, subsanar las deficiencias y hacer todo lo humanamente posible para que una tragedia semejante no vuelva a repetirse.

Hoy, por encima de cualquier otra consideración, nuestro pensamiento está con las víctimas y sus familias. También queremos expresar nuestro reconocimiento y gratitud a todos los profesionales que están participando en las labores de rescate, asistencia y atención a los afectados.

A las víctimas, nuestro recuerdo. A sus familias, nuestro afecto. Y a todos los afectados, nuestro aliento y solidaridad.

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