Gracias, Enrique. Empiezo a sospechar que queréis convertirme en sumiller.

Voy a tener que hacer una confesión: algunos alumnos están cogiendo una peligrosa costumbre… regalarme vino. Y el problema no es que me regalen una botella. El problema es que, entre unas y otras, voy a tener que empezar a organizar una bodega en la academia.

Esta vez fue Enrique quien apareció con este Acediano, un Ribera del Duero con una pinta espectacular. Y, claro, ya me conozco la historia. Lo dejaré «para una ocasión especial»… hasta que llegue otra botella para otra ocasión especial. Al final voy acumulando ocasiones especiales más rápido que botellas abiertas.

Siempre me ha hecho gracia que el mundo del vino y el de las oposiciones tengan bastante en común. Los dos requieren paciencia, los dos mejoran cuando se hacen sin prisas y los dos se disfrutan mucho más cuando detrás ha habido un gran trabajo. Nadie obtiene un gran vino por casualidad. Y, desde luego, nadie consigue una plaza sin haber sembrado antes muchas horas de estudio.

Así que, nada, muchísimas gracias por este detallazo. Prometo que no acabará olvidada en una estantería… aunque también prometo elegir muy bien el momento de abrirla. Una plaza nueva, un buen grupo de aprobados o cualquier otra excusa que merezca un brindis.

Porque, al fin y al cabo, si hay algo que he aprendido preparando oposiciones es que los éxitos importantes siempre merecen descorcharse.

¡Un abrazo enorme y gracias por el regalo!

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