Gracias, Sergio. Una mochila llena de algo mucho más importante que apuntes.

Hay regalos que, por su utilidad, sabes desde el primer momento que van a acompañarte durante mucho tiempo. Eso fue exactamente lo que pensé cuando Sergio tuvo el detalle de regalarme esta mochila. Es práctica, elegante y estoy convencido de que me acompañará en muchos viajes, congresos, clases y reuniones. Sin embargo, mientras la observaba, no pude evitar pensar que una mochila siempre termina llevando mucho más que los objetos que guardamos en su interior. En cierto modo, también transporta las experiencias, los aprendizajes y el camino recorrido hasta llegar a un determinado lugar.

La imagen de una mochila está muy ligada al esfuerzo y al viaje. Nadie prepara una oposición en un solo día, igual que nadie recorre una larga ruta dando un único paso. Todo proceso importante exige tiempo, constancia y la capacidad de seguir avanzando incluso cuando el destino todavía parece muy lejano. Durante la preparación de una oposición, cada tema estudiado, cada simulacro realizado y cada error corregido van llenando esa mochila invisible que el opositor lleva a sus espaldas. Al principio pesa la incertidumbre; después, poco a poco, empieza a llenarse de conocimientos, de seguridad y de confianza en uno mismo.

Muchas veces los alumnos me preguntan cuál es el secreto para aprobar. Siempre respondo lo mismo: no existe un secreto. Lo que existe es un método, una planificación adecuada y la capacidad de mantener el rumbo durante mucho tiempo. La diferencia entre quien consigue la plaza y quien se queda por el camino rara vez está en la inteligencia. Normalmente está en la perseverancia. En seguir estudiando cuando otros abandonan. En confiar en el proceso incluso cuando los resultados todavía no llegan. En comprender que cada jornada de estudio, por insignificante que parezca, acaba formando parte de un proyecto mucho mayor.

Quizá por eso me gustó tanto este regalo. Porque una mochila simboliza perfectamente ese recorrido personal que vive cualquier opositor. Al principio está prácticamente vacía. Después empieza a llenarse de leyes, esquemas, anotaciones, simulacros, subrayados y horas de estudio. Pero, sobre todo, se llena de experiencia. Cuando finalmente llega la plaza, el opositor no solo ha adquirido conocimientos jurídicos o técnicos; también ha desarrollado una capacidad de organización, de sacrificio y de resiliencia que le acompañará durante toda su carrera profesional. Esa es una de las grandes enseñanzas que dejan las oposiciones y, probablemente, una de las menos valoradas.

Después de tantos años preparando alumnos, sigo pensando que lo mejor de esta profesión no son únicamente los resultados. Lo verdaderamente gratificante es comprobar cómo personas que llegaron con dudas e incertidumbre terminan convirtiéndose en grandes profesionales al servicio de la Administración. Y cuando, tiempo después, alguno de ellos vuelve para tener un detalle como este, uno comprende que el vínculo creado durante la preparación permanece mucho más allá del día en que se consigue la plaza. Ese reconocimiento, sincero y desinteresado, es una de las mayores satisfacciones que puede recibir cualquier preparador.

Sergio, muchísimas gracias por este magnífico regalo y, sobre todo, por el cariño que hay detrás de él. Estoy seguro de que esta mochila me acompañará en muchos proyectos durante los próximos años y que, cada vez que la utilice, recordaré que detrás de ella hubo una historia de trabajo, de constancia y de una plaza conseguida con muchísimo esfuerzo. Al fin y al cabo, esa es la mejor carga que puede llevar cualquier mochila.

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